Conquista

Conquista, 2012

‘Saliendo a tierra allí por primera vez, vieron hombres indígenas, que, mirando en tropel a la gente nunca vista, huyeron a refugiarse todos en espesos bosques cual tímidas liebres ante los galgos.

Los nuestros, siguiendo a la muchedumbre, sólo cogieron a una mujer y llevada a las naves, bien comida y bebida y vestida con ornato (pues toda aquella gente de ambos sexos vive completamente desnuda, contentándose con lo que da la naturaleza), la dejaron libre… Tan pronto como la mujer volvió a reunirse con los suyos (pues ella sabía adónde habían acudido en la fuga), y habiéndoles hecho saber que era admirable el ornato y la liberalidad de los nuestros, todos a porfía acuden a la playa y piensan que son gente enviada del cielo.

Echándose a nadar llevan a las naves oro, de que tenían alguna abundancia, y cambiaban el oro por un casco de fuente de loza o de una copa de vidrio. Si los nuestros les daban una lengüeta, un cascabel, un pedazo de espejo u otra cosa semejante, les traían tanto oro cuanto les querían pedir o cada uno de ellos tenía’.

Pedro Mártir de Anglería, Cronista de Indias, 1516

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