Instante / Proyecto de fotografía documental con dispositivos móviles

Instante

Proyecto de fotografía documental con dispositivos móviles

Enlace para seguir el proyecto: www.instagram.com/alfredovelarde

El fotógrafo Duane Michals (Estados Unidos, 1932) introdujo en la década de 1960, el concepto fotográfico de la existencia de un momento anterior y otro posterior, entendido esto a través de la causalidad sucesiva, la manera de cómo un evento aparentemente intrascendente puede acabar cambiando por completo el curso de una vida. En paralelo y distante está el instante decisivo de Henri Cartier-Bresson (Francia, 1908 – 2004) –quién en 1947 fundara junto a Robert Capa (seudónimo de Endre Ernő Friedmann) y David Seymour la célebre Agencia Internacional de Fotografía Magnum–, esta concepción deviene de un proceso que empezaba a masificar la captura de instantáneas, el apresamiento del tiempo, en contraposición a los procedimientos de la fotografía de estudio: la época de posar en forma organizada, llegaba a su fin, se empezaba a captar el mundo inmóvil en movimiento (1). El artista visual y escritor David Bate (2); al escribir sobre Cartier-Bresson, relaciona la noción de instante decisivo con una función dramática en la fotografía. Explica que esto implica forzar el concepto a una pura función narrativa: la fotografía debe mostrar una historia completa dentro del cuadro tal como se hacía en la pintura histórica. Equipara el instante decisivo al concepto helénico de la Περιπέτεια (peripateia), que significa momento dramático o repentino cambio de fortuna. Para este académico, la peripateia fotográfica implica la captura de un momento definitorio, justo cuando el futuro es alterado irremediablemente por un momento crucial (3).

La fotografía es un acto de atención. Es un suceso en el que mediante una maquina capturamos, tras la espera, el asombro; sólo mediante ese aparato analógico o digital nos enfrentamos a nuestra existencia a través del otro, alguien que no somos, un extraño que siendo parte del encuadre altera nuestra propia existencia, modificando el tiempo de ambos, fotógrafo y sujeto fotografiado quedan gélidos en un cuadro, en un tiempo, en un recuerdo. Cuando hablamos de fotografía digital y contextualizamos los momentos que determinan la captura, fracciones de segundo en los que cada píxel del sensor de la cámara analiza la luz que le llega, una diminuta parte de la imagen de la escena que fotografiamos, es también, en cierta forma, un engaño que le jugamos de a pocos a la eternidad. Inmortalizamos instantes y con ellos emociones, sonidos, aromas, tonos de grises y construimos un recuerdo de lo que somos y fuimos, el presente empieza a ser remoto en cuanto el procesador de esas pequeñas máquinas de tecnología asombrosa revela el momento y se convierte en un libro de memorias, un diario o en un recordatorio de sucesos que sin ninguna lógica de asociación, empiezan a ser un testimonio de nuestro tiempo, de nosotros como sujetos extraños que capturamos la vida de los demás para recordarnos que –aún– estamos vivos.

Los soportes y formatos cambian y se adaptan, el emulo por alcanzar y honrar viejos y celebres talentos es el mismo en el paso de las generaciones, las intenciones siempre serán una constante; el tiempo es de aquellos que mediante algún arte logran atrapar en trazos, colores y formas la vida, que fugaz o lentamente pasa en frente, para así algún día, recordarse al mirar su pasado que estuvieron ahí, viviendo un instante.

Definición temática, estética, técnica, producción y desarrollo de la obra en curso:

La propuesta se piensa como un cuerpo de trabajo uniforme, sustentado en una constante exploración creativa en torno a la noción de la fotografía artística documental de autor, siendo el registro documental materia de representación constante. Corresponde a un razonamiento a partir del cual el proceso y el material se traducen en una imagen –basada en la experimentación de nuevas tecnologías–,  que confirman un lenguaje propio y singular. El alto grado de democratización alcanzado hoy por la fotografía permite participar  del hecho cotidiano al enunciar en registros instantáneos las expresiones visuales de una época, pues la accesibilidad al dispositivo digital concede a las inmensas mayorías una participación cada vez más activa en la construcción de documentos y en la producción de memorias. Esta abultada saturación de imágenes y la constante circulación mediática que opera, indistintamente, entre el dominio público y el privado marca y destaca, no obstante, el lugar y el alcance de la fotografía de autor.

La fotografía contemporánea se caracteriza por la inclusión del estilo del autor en el contenido de la imagen, entendiendo este estilo como la postura que asume el fotógrafo frente a la situación a fotografiar, la forma en como traduce y procesa lo que ve y lo vuelva a manera de concepto en su fotografía, logrando un lenguaje fotográfico particular. El concepto de fotografía de autor, entendido éste en el sentido más amplio de fotografía artística, en donde el fotógrafo produce una serie de obras con cierta coherencia estética no normada por la objetividad de la fotografía sino por la subjetividad y creatividad propia de la creación artística es un pieza fundamental, para justificar la realización de la serie podemos enunciar que hoy por hoy en el mundo de las artes hay pocas cosas por descubrir, y por ende situándonos en el contexto de este trabajo, escazas son las situaciones en las que se puede considerar que actualmente una tendencia  o ismo va ser crucial y beligerante en la historia de las artes; más por el contrario, si es posible decir que las iniciativas de reinventar los usos de los materiales o el simple hecho de transformar estas herramientas y soportes con la apuesta de crear es en sí una apuesta crucial, creativa y valiosa.

El proyecto Instante contempla la realización de una serie fotográfica dinámica empezada en 2014 y aún en proceso, durante la realización de la serie, el tema y la intención fue transformándose como en todo trance creativo extenso y en constante cambio, sin embargo, el eje conductor de la misma es el registro documental de fotografía hecha exclusivamente con dispositivos móviles, la captura y procesamiento digital fue realizado inicialmente con en tres dispositivos móviles: Galaxy S3, iPhone 4S y iPhone 6, actualmente prosigue con un dispositivo iPhone 7. Entre los años 2014 y 2016 se realizaron salidas e incursiones fotográficas en las ciudades de Cusco, Puno y Arequipa (Perú), Santiago y Valparaiso (Chile) como resultado de ellas se obtuvo varios centenares de fotografías, las que posteriormente fueron sometidas a procesamiento fotográfico digital, como resultado de este proceso de selección se obtuvieron 35 imágenes finales que fueron expuestas en 2016, El proyecto continua durante 2017 y 2018 con registros en Cusco (Perú) y Buenos Aires (Argentina).

Actualmente es un proyecto en proceso sin culminación determinada.


  1. Jeanneney Jean-Noël.
  2. Bate David, Photography: the key concepts, New York 2009.
  3. Óscar Colorado Nates, El instante decisivo de Henri Cartier-Bresson, México 2011.

Bang

klein-abc‘Preparados, apuntar, disparar. A propósito. Por casualidad. Disparar. El riesgo. No es pintar: componer, añadir, sustraer, cambiar. Pero sólo un golpe. Todo o nada. Bang, estás muerto. O vivo. No dejes nunca de reflexionar. Es asombrosamente raro uno que logra estar 15 segundos sin pensar en sí mismo. Constante. Normal. Absorto en hacer fotografías: tu reflejo en una muchedumbre. En uno ojo de plata. Reflejo. Reflexión. Clic. Te viene de la cabeza. La suma de lo que ves, crees ver, recuerdos, proyectos. Asesinar la vida. Todos los capullos de rosa se abren, es como apretar el gatillo. Indicios. Jeroglíficos. Llaves. Calculadoras de bolsillo, cada pulsador con su bip, su circuito. Raíz cuadrada instantánea, memoria. Dejà vu. Jamais vu. Revu. Posvisión. Previsión. Japoneses a carretadas hacen fotografías del palacio. Prueba. Celebración. Han estado aquí. Están vivos. Fotografían, luego existen. Vine, vi, triunfé. Veni, vidi, vici = fotografiar. Instinto de reproducción. Reproduce un mundo. Tu mundo. Su signo sobre ti. Deja tu signo. Quieto. No te muevas. Muévete. Sé natural. Una mirada, un gesto y un icono. Un microcosmos. Cada fotografía. Una célula. Suelta, dispara. Disparado, alcanzado. Caza. Cazado. De caza. De crucero. En desarrollo. Flashback. Disparo en francés = coup. Relámpago, rayo = foudre. Coup de foudre = flechazo. Lo sabes. Todo de una vez. Un hombre que se ahoga vuelve a ver toda su vida. Imagen. Imagina. Hacer fotografías = buscar el coup de foudre. ¿Cuántas veces puede alcanzar el rayo?’

— William Klein.

Pero al menos hacemos fotos

© Alfredo VelardeAlgunos hacemos trampa: marcamos puntos en los mapas y luego los unimos con líneas esperando que aparezca la constelación de nuestras vidas. Nunca ocurre, pero al menos hacemos fotos. Pensamos que faltan lugares y momentos en nuestra colección: creemos que si vamos a ese hotel con la mujer que vimos bajar de aquel tren nos encontraremos a nosotros mismos. No es verdad, pero al menos hacemos fotos. Esperamos que cuando suene el teléfono nos digan que no estamos solos y que el dolor que tenemos no es nada. No es así, pero al menos hacemos fotos. Sentimos que tenemos que ir mañana mismo a una ciudad de nombre impronunciable donde nieva negro. Llegamos tarde, solo quedan habitaciones vacías y huellas en las calles. Pero al menos hacemos fotos. Vemos señales por todas partes, creemos que son nuestras las palabras escritas para otros y desciframos en código morse los paisajes eléctricos. No es suficiente. Seguimos perdidos, pero al menos hacemos fotos.

Juan Valbuena, ‘Pero al menos hacemos fotos’

Sergio Larraín y la Fotografía

PERU. Pisac. 1960.Sergio Larraín, Fotógrafo de la agencia Magnum, escribió una carta a su sobrino Sebastián Donoso que, por aquel entonces (1982), intentaba dar sus primeros pasos en el mundo de la fotografía.

‘Miércoles. Lo primero de todo es tener una máquina que a uno le guste, la que más le guste a uno, porque se trata de estar contento con el cuerpo, con lo que uno tiene en las manos y el instrumento es clave para el que hace un oficio, y que sea el mínimo, lo indispensable y nada más. Segundo, tener una ampliadora a su gusto, la más rica y simple posible (en 35 mm. la más chica que fabrica LEITZ es la mejor, te dura para toda la vida).

El juego es partir a la aventura, como un velero, soltar velas. Ir a Valparaiso, o a Chiloé, por las calles todo el día, vagar y vagar por partes desconocidas, y sentarse cuando uno está cansado bajo un árbol, comprar un plátano o unos panes y así tomar un tren, ir a una parte que a uno le tinque, y mirar, dibujar también, y mirar. Salirse del mundo conocido, entrar en lo que nunca has visto, DEJARSE LLEVAR por el gusto, mucho ir de una parte a otra, por donde te vaya tincando. De a poco vas encontrando cosas y te van viniendo imágenes, como apariciones las tomas.

Luego que has vuelto a la casa, revelas, copias y empiezas a mirar lo que has pescado, todos los peces, y los pones con su scotch al muro, los copias en hojitas tamaño postal y los miras. Después empiezas a jugar con las L, a buscar cortes, a encuadrar, y vas aprendiendo composición, geometría. Van encuadrando perfecto con las L y amplias lo que has encuadrado y lo dejas en la pared. Así vas mirando, para ir viendo. Cuando se te hace seguro que una foto es mala, al canasto al tiro. La mejor las subes un poco más alto en la pared, al final guardas las buenas y nada más (guardar lo mediocre te estanca en lo mediocre). En el tope nada más lo que se guarda, todo lo demás se bota, porque uno carga en la psiquis todo lo que retiene.

Luego haces gimnasia, te entretienes en otras cosas y no te preocupas más. Empiezas a mirar el trabajo de otros fotógrafos y a buscar lo bueno en todo lo que encuentres: libros, revistas, etc. y sacas lo mejor, y si puedes recortar, sacas lo bueno y lo vas pegando en la pared al lado de lo tuyo, y si no puedes recortar, abres el libro o las revistas en las páginas de las cosas buenas y lo dejas abierto en exposición. Luego lo dejas semanas, meses, mientras te dé, uno se demora mucho en ver, pero poco a poco se te va entregando el secreto y vas viendo lo que es bueno y la profundidad de cada cosa.

Sigues viviendo tranquilo, dibujas un poco, sales a pasear y nunca fuerces la salida a tomar fotos, por que se pierde la poesía, la vida que ello tiene se enferma, es como forzar el amor o la amistad, no se puede. Cuando te vuelva a nacer, puede partir en otro viaje, otro vagabundeo: a Puerto Aguirre, puedes bajar el Baker a caballo hasta los ventisqueros desde Aysén; Valparaiso siempre es una maravilla, es perderse en la magia, perderse unos días dándose vueltas por los cerros y calles y durmiendo en el saco de dormir en algún lado en la noche, y muy metido en la realidad, como nadando bajo el agua, que nada te distrae, nada convencional. Te dejas llevar por las alpargatas lentito, como si estuvieras curado por el gusto de mirar, canturreando, y lo que vaya apareciendo lo vas fotografiando ya con más cuidado, algo has aprendido a componer y recortar, ya lo haces con la máquina, y así se sigue, se llena de peces la carreta y vuelves a casa. Aprendes foco, diafragma, primer plano, saturación, velocidad, etc. aprendes a jugar con la máquina y sus posibilidades, y vas juntando poesía (lo tuyo y lo de otros), toma todo lo bueno que encuentres, bueno de los otros. Hazte una colección de cosas óptimas, un museito en una carpeta.

Sigue lo que es tu gusto y nada más. No le creas más que a tu gusto, tu eres la vida y la vida es la que se escoge. Lo que no te guste a ti, no lo veas, no sirve. Tu eres el único criterio, pero ve de todos los demás. Vas aprendiendo, cuando tengas una foto realmente buena, las amplias, haces una pequeña exposición o un librito, lo mandas a empastar y con eso vas estableciendo un piso, al mostrarla te ubicas de lo que son, según lo veas frente a los demás, ahí lo sientes. Hacer una exposición es dar algo, como dar de comer, es bueno para los demás que se les muestre algo hecho con trabajo y gusto. No es lucirse uno, hace bien, es sano para todos y a ti te hace bien porque te va chequeando.

Bueno, con esto tienes para comenzar. Es mucho vagabundeo, estar sentado debajo de un árbol en cualquier parte. Es un andar solo por el universo. Uno nuevamente empieza a mirar, el mundo convencional te pone un biombo, hay que salir de él durante el período de fotografía’.

Más fotos de Sergio Larraín

Memoria

Instante © Alfredo VelardeFotografiamos para recordar, se fotografía a los seres queridos para salvar el recuerdo, para luchar contra su desaparición. Sabemos que nuestra memoria es débil, que interpreta, que escoge y que se acompaña de vacíos importantes, voluntarios o involuntarios, y por eso queremos confiar a la fotografía el trabajo sucio de mantenerla viva. Quizás es una empresa vana, porque, al fin y al cabo ¿se puede llegar a conocer realmente algo mediante la fotografía, o sólo se obtiene una simple apariencia del conocimiento? Podría ser que, inconscientemente, estuviéramos construyendo el gran edificio de nuestra memoria sólo con el trazado borroso que un día quedó de nosotros en una placa fotográfica.

Y es que las fotografías no podrán sustituir nunca a la memoria. Incluso es posible que nos retengan absurdamente a su lado y no nos dejen fluir por el pasado con más libertad. Las fotografías no hablan, no pueden hablar, y esto es más doloroso cuanto más melancólica es la evocación de quien aparece en ellas, alguien que ya ha desaparecido, por ejemplo, y la presencia fotográfica del cual va colonizando y contaminando el resto de recuerdos de manera lenta y poderosa. Por eso creo que Jean Paulhan tenía razón cuando escribió: ‘hay que advertir desde ahora a nuestros nietos que no tenemos nada que ver con las tristes imágenes que conservarán de nosotros’.

—Clemente Bernad, ‘Diarios íntimos’.