Ferus

Ferus, 2011

Salvaje es un término con claros matices despectivos. Si bien con él se designa a lo externo respecto a la sociedad humana, dentro del mismo concepto caen también las culturas ajenas, vistas como inferiores. Es fruto de un delirio de grandeza nacido de la incapacidad de comprender la lógica diferente de la propia. Como “salvajes” y “bárbaras” calificaba durante largo tiempo el occidente a las sociedades indígenas de las Américas, invirtiendo sendos esfuerzos en la labor civilizatoria.

En el salvajismo artístico de Alfredo Velarde, los dos sentidos de la palabra se funden, para señalar el violento estallido de formas, el vehemente desfogue después de una larga pausa en la carrera pictórica del autor. Es, por un lado, una rebelión espontánea del niño salvaje, esa criatura misteriosa que aflora desde los oscuros rincones del cerebro. Y, por el otro lado, es una apelación a la estética de las culturas nativas, con sus deidades exuberantes y carnívoras, generosas y vengativas, tan parecidas en el fondo a nosotros, los pobres mortales.

Estas imágenes a primera vista parecen máscaras, pero en realidad son rostros de los espíritus desenmascarados, liberados de los callejones oscuros de la memoria, desenfrenados, crueles pero sinceros. Niños y dioses. Primigenios. Salvajes.

Vera Tyuleneva

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